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lunes, 15 de enero de 2007

Mitos sobre lo que nadie quiere hablar

Si hablar de sexo aún escandaliza y ruboriza, hablar de sexo anal es todo un tabú. Algunas personas evitan el tema por franca oposición, por temor o vergüenza, y ni siquiera es considerado un tema estéticamente aceptable. La poesía erótica que parece atreverse a tanto, tendría que estar escrita por un irreverente como Gómez Jattin para atreverse a mencionarlo. Sin embargo, aunque este autor resolvió plasmar con dulzura relaciones sexuales con animales, en lo personal no conozco un texto suyo que se refiriera al sexo anal. Es probable que sea por mi limitado conocimiento sobre el trabajo del poeta o simplemente sea un tema que ni siquiera tan desparpajado y descarnado escritor se atrevió a mencionar.

En el imaginario colectivo, el sexo anal está asociado a relaciones homosexuales, dolor, suciedad e inmoralidad. Hace uno o dos años, cuando me atreví por primera vez a publicar un escrito sobre las precauciones que se deben tener en las relaciones sexuales por vía anal, un fundamentalista lector me censuró citando fragmentos de textos bíblicos e indignado porque una mujer se atreviera a escribir sobre este tema.

Francamente no sé si hay alguna religiosidad que impida hablar sobre el sexo anal, lo cierto es que es uno de los temas sobre los que se guarda mayor silencio y desconocimiento. La primera discusión que obligatoriamente se tiene, es precisar si biológicamente el ano es una alternativa válida en una relación sexual. La finalidad de la sexualidad, desde la biología, es la reproducción, en este sentido sólo las relaciones pene-vagina tienen lógica. Sin embargo es importante recordar que no tenemos relaciones sexuales con una finalidad reproductiva exclusivamente, también tenemos relaciones sexuales para sentir placer y para hacer del sexo un instrumento de expresión del amor.

Queda claro que aunque la finalidad biológica de la sexualidad es la reproducción, la búsqueda de placer y la expresión de amor son aspectos fundamentales en las relaciones sexuales. Por esta razón las partes del cuerpo implicadas, no son solamente aquellas que pueden garantizar la reproducción, sino aquellas partes del cuerpo que se relacionan con las sensaciones placenteras y que pueden ser instrumentos para expresar lo que sentimos.

Estas partes del cuerpo no son otras que el mismo cuerpo, todo el cuerpo. Todas las zonas erógenas, toda la piel, todos los besos y todas las caricias. Siempre y cuando, claro está, nosotros lo decidamos. Sin embargo, existen algunos mitos que debemos aclarar.

Mito: El sexo anal es sólo para parejas homosexuales. Realidad: El sexo anal es una práctica sexual de algunas parejas heterosexuales y homosexuales.

Mito: El sexo anal es una práctica sexual que evita el embarazo. Realidad: Aunque no es posible un embarazo vía anal, esta práctica no es una garantía para prevenir embarazos. Parte del semen puede entrar en contacto con los genitales femeninos.

Mito: El sexo anal es una práctica sádica y dolorosa. Realidad: Si bien las estructuras del ano pueden lesionarse, no tiene porqué ser dolorosa. En el mercado existen lubricantes especializados que pueden ayudar. Además, el amor es la mejor formula para no lastimar a la pareja.

Mito: No es necesario usar preservativos en una penetración anal. Realidad: La penetración anal representa mayores riesgos para la transmisión de VIH, siempre se debe usar preservativo. Las laceraciones en la mucosa son frecuentes, aumentando la probabilidad de contagio.

Mito: El sexo anal es sucio y asqueroso. Realidad: Toda la sexualidad puede resultar asquerosa si no es consentida y con sentido. Sin embargo, es importante que después de la penetración anal no se penetre la vagina porque bacterias que están en el ano pueden producir infecciones.

Mito: El sexo anal es una alternativa para no perder la virginidad. Realidad: Muchas parejas jóvenes así lo creen y para rendirle tributo al himen tienen relaciones anales. La virginidad, concepto que hay que discutir, debe ser mucho más que mantener un himen intacto.

El ano es una zona erógena para hombres y mujeres, es parte de nuestro cuerpo y es susceptible de responder a los estímulos placenteros. Sin embargo involucrar esta zona del cuerpo en nuestras relaciones sexuales, debe ser una decisión autónoma y personal. Si una persona siente asco, temor o dolor, o si simplemente sus creencias se lo impiden, no debe verse obligada a tener sexo anal. Pero sí es importante que personas que lo decidan, conozcan información que pueda hacer su vida sexual más sana, responsable y placentera.